domingo, 6 de julio de 2014
Un mapa hecho pintura, único en su tipo.
Esta obra que se encuentra en el Museo de Arte Nacional, es una combinación de mapa y una idealizada vista senital o aérea, pues la tuvieron que crear a partir de la imaginación y de los cálculos de las dimensiones de la ciudad, puesto que no había forma de poder contemplar la urbe desde esa altura, que en ese entonces era una acotada villa de 250 000 habitantes.
Lo que en esta increíble y bella pintura podemos apreciar es lo que hoy vendría siendo el primer cuadro, o el centro histórico, porque eran las dimensiones que tenía la ciudad en aquella época.
El diseño urbanístico de la ciudad (semejante a un tablero de ajedrez) es una concepción propia de la visión arquitectónica del Renacimiento, y que aplicaron los españoles. La idea de la época era crear ciudades más limpias, armónicas y salubres, por lo que del otoño de 1521 a mediados de 1522, los alarifes o arquitectos Alonso García Bravo, Bernardino Vázquez de Tapia, apoyados por algunos tlacuilos constructores aztecas diseñaron la ciudad que podemos ver en la obra.
Los límites de esta ciudad eran muy acotados, y se mantuvieron desde la época de los aztecas hasta la República Restaurada, en 1867, cuando Juárez y los liberales renovaron la política de la propiedad de la tierra, con la que ésta se comenzó a comercializar, por lo que acabaron los terrenos comunales de las comunidades indígenas, las tierras heredadas por la nobleza virreinal, y las que manejaba la Iglesia.
Esta obra nos permite ver la que era en ese momento la señorial y palaciega Ciudad de México, como estaba distribuida y como era una pequeña villa, que desde luego, nada tiene que ver con la metrópoli tan expandida que hoy tenemos, es decir, nada tienen que ver los 250 000 habitantes de ese entonces con los 18 millones que actualmente habitamos la Ciudad de México.
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